En octubre 2016, el presidente y consejero delegado de CEMEX España Operaciones, Jaime Ruiz de Haro, fue elegido presidente de la Agrupación de fabricantes de cemento de España (Oficemen). En un momento en el que el sector cementero en España se mantiene en mínimos históricos y sobrevive gracias a la exportación, desde Oficemen trabajan para cumplir su misión: “Que el cemento siga contribuyendo a la mejora de la calidad de vida”.

 

¿Cuál es la historia y la razón de ser de Oficemen?

El origen de Oficemen se remonta a 1925, año en el que se fundó la Unión de Fabricantes de Cemento de España con objetivos programáticos muy parecidos a los actuales: el fomento y la promoción del cemento para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Quizás en ese momento era más evidente que hoy que la calidad de vida y el progreso estaban íntimamente ligados a nuestros productos. Pensemos que en esa época los pavimentos de las calles e incluso de las casas eran de tierra o piedra y la generalización del uso de soluciones con base cemento supuso una importante mejora en las condiciones higiénicas y de salubridad, la impermeabilización, la insonorización de las viviendas o las mejoras de locomoción y transporte. Hoy parece que damos por sentado ese progreso, pero el cemento sigue teniendo un impacto directo en nuestro bienestar y ese es el principal objetivo de Oficemen: que el cemento siga contribuyendo a la mejora de la calidad de vida.

 

¿De qué manera el cemento puede contribuir hoy a mejorar nuestra calidad de vida?

Estamos totalmente convencidos de que el cemento puede contribuir mucho en la mejora de la calidad de vida de la población. Por ejemplo, las soluciones con base de cemento permiten que el coste de mantenimiento de las carreteras o su impacto medioambiental sean mucho meno­res. También, teniendo en cuenta que los sistemas de calefacción y aire acondicionado de nuestras viviendas representan el 24% de la factura ener­gética del país, las soluciones basadas en cemento permiten mejorar sustan­cialmente la eficiencia energética de nuestras casas aprovechando la iner­cia térmica del hormigón. Y nuestros productos también permiten mejorar todo lo que se refiere a canalizacio­nes hidráulicas y, de este modo, evi­tar o reducir las pérdidas de caudal en un país con déficit hídrico.

 

EL CEMENTO SIGUE TENIENDO UN IMPACTO DIRECTO EN NUESTRO BIENESTAR

 

Pero por otra parte, desde el punto de vista del proceso, entendemos que la industria puede ser una solu­ción, como lo es hoy en muchos paí­ses europeos y en Japón, a un pro­blema acuciante de nuestra sociedad como es la disposición segura de los residuos domésticos e industriales que, hoy en día, y contraviniendo las directivas comunitarias, todavía aca­ban en vertederos legales e ilegales. Se trata de una asignatura pendiente en España. Todavía tenemos que tra­bajar mucho para evitar que todos aquellos residuos que pueden ser valorizables de manera segura en nuestros hornos acaben en vertederos y supongan un peligro de contaminación de suelos y acuíferos.

 

Precisamente, usted defiende el firme compromiso de la industria cementera con el concepto de economía circular…

Con el concepto de economía circular lo que se pretende es una mejor utilización de los recursos naturales y, en consecuencia, una minimización del impacto ambiental de nuestra actividad. Consideramos que la industria cementera puede perfectamente pasar a ser parte de la solución al problema reduciendo la huella energética de nuestras casas, minimizando el impacto ambiental de nuestras carreteras o valorizando residuos de manera eficien­te y segura.

 

¿Cómo ha evolucionado el sector en los últimos años?

La crisis ha sido muy profunda, tanto para la economía española en su conjunto como para el sector de la construcción y los materiales de cons­trucción en particular. La industria cementera ha vivido con especial intensi­dad el colapso de la actividad económica y, entre 2007 y 2014, la caída en la pro­ducción total de cemento fue del 80%.

 

Esta caída no tiene parangón ni pre­cedente en ningún país de Europa en tiempos de paz.

Con los inevitables ajustes, la indus­tria ha sobrevivido y se ha reinventa­do durante este periodo, a través, por supuesto, de su adaptación a las difíciles circunstancias del entorno mediante reducciones de actividad, pero, sobre todo, buscando, abrien­do y manteniendo mercados interna­cionales donde nuestros productos tienen una reputación muy acredita­da por su altísima calidad. Hoy la industria cementera española vende tanto fuera de nuestras fronteras como dentro de España.

 

Y, en la actualidad, cuando pare­ce que el país está saliendo de la recesión económica, ¿en qué situación se encuentra el sector?

El sector cementero en España mar­có mínimos históricos en 2014, cuan­do se vendieron poco más de diez millones de toneladas de cemento en el mercado doméstico. Para encon­trar niveles de consumo similares tenemos que remontarnos a 1960, cuando España tenía una población de 32 millones de habitantes. De modo que en 2014, con una pobla­ción de 44 millones, el consumo per cápita cayó muy por debajo de míni­mos históricos y, por supuesto, por debajo del consumo de los países de la Unión Europea. Por su parte, el año 2015 marcó un punto de inflexión, un cambio de tendencia muy leve y des­igual. Muy leve porque, en términos absolutos, el año pasado vendimos un 5% más en comparación al míni­mo histórico de 2014, y muy desigual porque no todos los meses se han comportado de la misma forma y, desde el punto de vista geográfico, hay regiones de España que han registrado un mejor comportamiento que otras.

 

¿Les resulta fácil a los fabrican­tes españoles acceder al merca­do exterior?

Ha sido un camino arduo en el que hemos tenido vientos favorables y vien­tos en contra. Los favorables, sin duda, han sido el esfuerzo que la industria ha hecho en investigación y desarrollo, la enorme profesionalidad de nuestros equipos y empleados en España y, has­ta recientemente, la relativa debilidad del euro frente a otras monedas y que hoy ha cambiado. Por contra, la princi­pal amenaza con que se enfrenta nues­tra industria es el elevado coste eléctri­co que comentaba y, a más largo plazo, la política comunitaria de reducción de emisiones de CO2 que se está diseñan­do y que podría potencialmente deslo­calizar gran parte de la industria euro­pea, no solamente al cemento, fuera de nuestro continente.

 

¿Cuáles son los retos del sector a corto y medio plazo?

El reto es mantener el nivel de inno­vación y competitividad que nos per­mita continuar en los mercados exte­riores, manteniendo así niveles de actividad y de empleo hasta que se produzca la recuperación del merca­do nacional. Paralelamente, desde Oficemen estamos trabajando para transmitir el mensaje de que el cemento tiene mucho que aportar en la mejora de la calidad de vida de nuestros conciudadanos.