Francisco Mangado es uno de los principales exponentes de la arquitectura contemporánea española. Precisamente por ello, y en reconocimiento a su trayectoria, recientemente este arquitecto navarro ha recibido el Kunstpreis Berlin 2017. Creador de la Fundación Arquitectura y Sociedad, Mangado es profesor de la Escuela Superior de Arquitectura de la Universidad de Navarra y ha impartido clases en las universidades de Harvard, Yale y en l’École Polytechnique Fédérale de Lausana (Suiza), entre otras.

Este año ha sido galardonado con el Kunstpreis Berlin 2017, en la categoría de Arquitectura, como reconocimiento a sus más de 30 años en la profesión. ¿Qué valoración hace?
Siempre valoro los premios de una forma muy relativa. Está bien recibir premios, pero también hay que tomarlos en su justa medida porque tienen un gran componente circunstancial, es decir, dependen mucho del jurado, del momento, de tu última obra… Creo que, de la misma manera que está bien recibir un premio, también es muy importante relativizarlo y pensar que, en realidad, no es más que una puntuación en tu camino y tu camino está hecho de obras.

Además, tengo la tendencia a darle más importancia al resultado de un concurso cuando no lo gano. Creo que es una buena actitud porque te obliga a pensar en lo que has hecho mal. A pesar de todo, del mismo modo que pienso que hay que relativizar los premios, también los debería relativizar cuando no los gano, pero ahí entra en juego la auto exigencia. El mejor premio para un arquitecto es la posibilidad de seguir teniendo proyectos y continuar haciendo arquitectura.

Su trayectoria está llena de proyectos. ¿Es posible destacar alguno o es como preguntar a un niño si quiere más a su padre que a su madre?
Siempre destaco el último que estoy haciendo porque el resto de los proyectos, siguiendo la metáfora del hijo, ya se han ido de casa y tienen su propia vida.

Los quieres, sin duda, pero el que más te preocupa es el que todavía estás educando, el que todavía tienes en casa y estás todo el rato con él. No importa el tamaño, no importa cuán grande sea el edificio, el más importante es el que te ocupa tu tiempo ahora. Por tanto, para mí el proyecto más importante es el que tengo ahora en mi tablero.

Por otra parte, hay edificios que a veces no son los más reconocidos ni los más importantes, pero que son significativos porque han supuesto una manera distinta de ver las cosas, un nuevo aprendizaje que ha condicionado tu futuro. En ese sentido, hay proyectos significativos como son el Baluarte de Pamplona, el Pabellón de España para la Exposición Internacional Zaragoza 2008 o el Palacio de Congresos de Palma de Mallorca.

 

ES MUY IMPORTANTE DESARROLLAR LA CAPACIDAD Y EL JUICIO CRÍTICO DE LA SOCIEDAD RESPECTO A LA ARQUITECTURA

 

¿Y qué proyecto tiene en estos momentos en su tablero?
Estoy en un posible hotel en Venecia y, para mí, ahora es el más importante.

¿Qué singularidad presenta?
Está ubicado en un lugar maravilloso, en un paisaje y contexto con los que un arquitecto difícilmente puede soñar.

En el año 2008 fundó la Fundación Arquitectura y Sociedad. ¿Cuál es su misión?
Explicar que la arquitectura no es un hecho endogámico, que no es una cosa que hacemos los arquitectos para nosotros mismos, sino que la arquitectura es un hecho social, es algo que se hace para ayudar a mejorar la sociedad. Es decir, para educar de alguna manera a la sociedad en la necesidad y en los valores de la arquitectura, y eso implica que la sociedad tenga una capacidad para exigir mejor arquitectura.

Con independencia de que construyas para un poder público o para un poder privado, la arquitectura es un hecho público porque con ello haces ciudad. Por lo tanto, es muy importante desarrollar la capacidad y el juicio crítico de la sociedad respecto a la arquitectura y que tenga muy claro que la buena arqui- tectura no es un lujo, es un derecho de la sociedad. Ese es el objetivo de la Fundación.

¿Es por ello que la Fundación ofrece una visión multidisciplinar?
La Fundación no solamente integra a arquitectos, que somos una minoría, sino también a profesionales que pro- ceden del mundo académico, cultural, económico, político, empresarial… porque todos ellos constituyen la sociedad. Precisamente, lo que pretendemos en la Fundación es generar un contexto en el que la discusión acerca de la arquitectura sea distinta de lo simplemente objetual y sea más cercana a los contenidos, a las razones, a la condición social del arquitecto.

A través de la Fundación ha promovido asimismo la creación del Centro Internacional de Posgrado. ¿Qué objetivos persigue?
En la actualidad, los arquitectos nos hemos convertido en una suerte de directores de grupos de trabajo y de pensamiento que utilizan la idea del proyecto de arquitectura como un mecanismo de transformación. Es decir, para que la arquitectura sea buena hoy tiene que estar atenta a muchísimas disciplinas, a distintas realidades, a muchos condicionantes… El arquitecto no puede manejar solo todo esto, lo maneja en grupos y equipos más grandes. Esto no significa que el arquitecto renuncie a su disciplina, ni mucho menos, lo que pasa es que para hacer mejor arquitectura hoy el arquitecto tiene que estar más informado y tener más recursos y más conocimientos. Precisamente, lo que pretende el Centro Internacional de Posgrado Arquitectura y Sociedad es proveer al arqui- tecto de aquellos conocimientos que le permitan conocer cuáles son los puntos donde se deben tomar aquellas decisiones fundamentales de las cuales depen-de la calidad de la arquitectura.

Hoy, las escuelas de Arquitectura no están formando a los arquitectos para hacer buena arquitectura en la sociedad actual, sino que los están formando para hacer objetos. Esto deja al arqui-tecto el papel de casi simple asesor estético para hacer fachadas cuando la condición y la naturaleza de la arquitectura siempre ha sido estructural, fundamental, conceptual… Estamos perdiendo esto precisamente porque no tenemos los conocimientos suficientes para tener otros interlocutores.

 

LA INDUSTRIA ES ESENCIAL PARA LA ARQUITECTURA, PERO DURANTE MUCHOS AÑOS LA RELACIÓN ENTRE ARQUITECTO E INDUSTRIA HA SIDO DISTANTE

 

El Centro Internacional de Posgrado también contará con la participación de empresas. ¿De qué manera?
Va a tener tres líneas de trabajo. Una línea va a ser “arquitectura, paisaje y arte”; otra es “arquitectura, economía y desarrollo”, y la tercera es “arquitectura, construcción e industria”. En esta tercera línea pretendemos que el aprendizaje de nuestros alumnos en esa parte más técnica se base en una relación muy cercana con las empresas, particularmente con aquellas que son patronas y colaboradoras de la Fundación Arquitectura y Sociedad.

De este modo, el aprendizaje del estudiante es académico, pero también será extremadamente práctico en cuanto a la relación con la industria. Hay que pensar que la industria es esencial para la arquitectura, pero durante muchos años la relación entre arquitecto e industria ha sido distante. Creo que, cada vez más, a la hora de plantear y planificar proyectos es importante contar con la colaboración de la industria, de la misma manera que los arquitectos también podemos aportar a la industria mucha información. Los arquitectos estamos diseñando continuamente sistemas y soluciones y muchas de ellas podrían dar lugar a procesos industriales y comerciales muy interesantes.

¿Quién podrá acceder a este centro?
Va a ser una escuela de grupos reducida, de entre 60 y 90 alumnos, porque tenemos la voluntad de formar a los mejores, a una suerte de guardia pretoriana de la arquitectura. Va a ser una escuela abierta donde la gente pueda opinar y donde la novedad, el pensamiento y el riesgo encuentren apoyo por parte de los profesores y de la estructura.

A usted le gusta hablar de riesgo, ¿por qué?
Vivimos en una sociedad donde el riesgo y el error no están bien admitidos y que, por encima de todo, busca la seguridad. Para ello hay normativas que, de la misma manera que evitan el desastre, también cortan la excelencia, porque cuando en una sociedad eliminas la posibilidad de riesgo para evitar el fallo también eliminas el acierto, la innovación, el progreso… El riesgo es absolutamente necesario para avanzar, de la misma manera que la equivocación forma parte de la naturaleza humana y es fantástico porque con los equívocos es cómo ha aprendido el mundo.

 

CUANDO EN UNA SOCIEDAD ELIMINAS LA POSIBILIDAD DE RIESGO PARA EVITAR EL FALLO TAMBIÉN ELIMINAS EL ACIERTO, LA INNOVACIÓN, EL PROGRESO…

 

Paralelamente, la Fundación organiza los Encuentros de Arquitectura en Ultzama, donde este año han instado a “Humanizar la Ciudad”. ¿De qué manera?
Es un lema que pretendemos que dé lugar a varios eventos porque consideramos que es un tema fundamental. La ciudad bien equilibrada, dotada de servicios y de buenas infraestructuras es una ciudad en la que no solo se vive bien, sino que es un instrumento extraordinario para el reequilibrio social y para que la persona pueda desarrollarse. Antiguamente las personas iban del campo a la ciudad porque era sinónimo de oportunidades, pero hoy, en muchos países, la ciudad se ha convertido en sinónimo de decadencia, de mala calidad de vida, de desequilibrios sociales, de pobreza. Eso hay que cambiarlo.

Los arquitectos no tenemos armas suficientes para cambiar esto, puesto que se tiene que cambiar desde la dimensión política, social y económica, pero sí podemos escenificar, dibujar y construir aquellos espacios donde esos cambios sustanciales puedan realizarse. Tenemos la capacidad de trasladar a un hecho real esas decisiones políticas y las ilusiones de los ciudadanos, pero el papel de la arquitectura a la hora de humanizar la ciudad también es importante, porque cuando haces una obra, grande o pequeña, con el objetivo de que la gente viva mejor, también estás fomentando ese interés por humanizar la ciudad.

Además, cada dos años organizan el Congreso Internacional de Arquitectura…
Es uno de los congresos más importantes que se organizan en el mundo en relación con la arquitectura y la ciudad. Hemos celebrado cuatro ediciones y en 2018 vamos a cambiar la posición de los arquitectos. Vamos a formar parte de la audiencia, vamos a estar formándonos y recibiendo información de pro- fesionales de otras disciplinas y con otras responsabilidades que tienen mucho que decir sobre la ciudad y la arquitectura.

¿Cuáles diría, en ese sentido, que son los retos que debe afrontar la arquitectura?
La arquitectura y la ciudad tienen tiempos largos y uno de los problemas de nuestro tiempo es que el mercado se ha empeñado en transformar la arquitectura en un hecho puramente sorprendente, en un hecho especulativo y de tiempos cortos. Uno de los problemas es que a la arquitectura se le han intentado apli- car, como a casi todo, los tiempos cortos y el gran material ausente de nuestra sociedad es el tiempo para poder hacer las cosas, para disfrutar, para criticar. El valor del tiempo está desapareciendo y es el instrumento más importante para todo. También para la arquitectura.